ALCANZAR EL ORGASMO

29.3.16 Pedro Vargas-Machuca 0 Comentarios

Pareja haciendo amor
El orgasmo es, en la mente de la mayoría de las personas, la culminación del placer sexual. No en vano, cuando acuden a una relación sexual, suelen darla por terminada cuando lo han alcanzado y, si no es así, a menudo les sobreviene un sentimiento de frustración. Y esto es así tanto en hombres como en mujeres, por mucho que en tiempos pasados, y en algunas culturas en la actualidad, el orgasmo se haya considerado patrimonio único del varón. Se sabe que las mujeres que no alcanzan nunca o sólo rara vez el clímax, manifiestan tensión e irritación después del acto sexual. Algunos ginecólogos atribuyen el síndrome de congestión pélvica crónica a la frecuencia con que experimentan una situación sexual sin la descarga de sus impulsos orgásmicos.
En los hombres, el orgasmo coincide con la eyaculación: el semen brota del pene erecto en tres a siete chorros con intervalos de 0,8 segundos. Masters y Johnson han descrito dos componentes del orgasmo masculino: la emisión, que consiste en una serie de contracciones de los órganos internos con sensación de “inevitabilidad de la eyaculación”, y la expulsión o eyaculación, que se refiere a las posteriores contracciones rítmicas de la uretra peneana y de los músculos de la base del pene y que se experimentan como el orgasmo propiamente dicho.
En el orgasmo femenino aparece un único componente análogo al de la expulsión masculina. Los músculos perineales, vulvares y pubococcígeos se contraen rítmicamente con intervalos de 0,8 segundos contra la plataforma orgásmica (tejidos que rodean a la vagina). El útero también se contrae, y aunque muchas mujeres no son completamente conscientes, a veces también aquí se da una sensación placentera y difusa.
Podríamos decir, por consiguiente, que tanto en el hombre como en la mujer, una de las claves del orgasmo es el músculo pubococcígeo, cuyas contracciones son la expresión motora de un reflejo de la región sacrolumbar como resultado de una estimulación. Sabemos que esta musculatura puede entrenarse para incluso ayudar a producir este reflejo. En otras palabras, cuanto mejor tonificado esté el pubococcígeo, mejor es la sensación.
En cuanto a la estimulación de la que hemos hablado, surge en la mujer la polémica clítoris-vagina. ¿Es necesario estimular el clítoris para que la mujer alcance el orgasmo o existen otras formas de hacerlo?
El clítoris tiene una abundante provisión de terminaciones nerviosas sensoriales, probablemente la misma distribución nerviosa que el glande del pene. Tras la correcta estimulación del clítoris, ejerciendo una presión sobre el hueso púbico o monte de Venus, o por el roce lateral del pene a través de los labios menores, aparece una sensación que puede ser definida “como una oleada de calor de abajo hacia arriba”. Pero muchas mujeres describen otro orgasmo cuya sensación es bien distinta, “como una oleada de calor desde el útero hacia abajo”. Así, en este último, las contracciones se producirían en el útero tras la estimulación de la vagina. Esto confirmaría la existencia del punto G (G es la inicial de quién lo descubrió: Grafenberg). Se trata de un área rugosa situada en el interior de la vagina, a unos 3 centímetros de profundidad, en su parte anterior. En esta zona se disponen, alrededor de la uretra, unas glándulas que, estimuladas mediante presión o frotamiento, producen sensaciones placenteras y la eyaculación de una sustancia químicamente parecida al semen, obviamente sin espermatozoides.
El orgasmo femenino es así la combinación de contracciones en el útero y del músculo pubococcígeo, unas veces predominarán unas y otras veces otras, incluso en la misma mujer.
Los mismos autores, Masters y Jonson, distinguían varios tipos de orgasmo según su expresión motora. El primero de ellos es característicamente masculino, no así los dos últimos, que son típicamente femeninos.
Fases respuesta sexual
Orgasmo básico: Tras la fase de excitación se produce un último y breve aumento de la misma que culmina en las contracciones eyaculatorias. Después aparece una fase resolutoria donde la excitación y la erección desaparecen.
Orgasmo de meseta: La fase de excitación viene seguida de una excitación más avanzada que no produce orgasmo. Aunque no produce una percepción subjetiva de orgasmo, sí va, sin embargo, seguida de una resolución donde sus respuestas fisiológicas regresan a su estado basal (de partida) y tras la cual la mujer queda satisfecha.
Orgasmo de pico de ola: Llamado así porque tras la excitación no se produce un único grupo de contracciones musculares, sino distintos grupúsculos seguidos en el tiempo y de menor intensidad, antes de llegar a la fase resolutoria. A este tipo de orgasmo también se le llama Multiorgasmo u orgasmo múltiple. Se trata de la capacidad de percibir distintos orgasmos dentro de una única respuesta sexual, es decir, en un único acto sexual.
No son pocos los que defienden que los hombres también pueden ser multiorgásmicos. Algunos hombres pueden inhibir la emisión del semen al mismo tiempo que experimentan las contracciones orgásmicas. En otras palabras, tienen orgasmos sin eyacular. Tales orgasmos parecen que no están seguidos de un período refractario (pérdida de erección), lo que permite a estos hombres tener orgasmos múltiples como las mujeres. Los antiguos chinos fueron los pioneros en considerar el orgasmo y la eyaculación como dos procesos diferentes. Mantak Chia (‘El Hombre Multiorgásmico’, Chia & Arava. Ed. Neo Person) ha escrito más de diez libros que explican con todo detalle las enseñanzas de la antigua tradición taoísta para que cualquier hombre que ponga en práctica sus técnicas pueda experimentar orgasmos múltiples e incrementar “espectacularmente” la capacidad sexual.