CONFLICTO DE PAREJA, DISFUNCION SEXUAL

29.3.16 Pedro Vargas-Machuca 0 Comentarios

Conflicto de Pareja

Muchos de los pacientes que vienen a consulta buscando terapia para su disfuncion sexual (ante un trastorno de deseo inhibido, falta de erección, anorgasmia, eyaculación precoz, retardada, o vaginismo) parecen sorprenderse cuando escuchan que la solución pasa por una terapia de pareja. Y es que a veces parece más fácil aceptar que uno tiene un problema que “tan solo” le impide disfrutar de las relaciones sexuales, que reconocer que es la pareja en sí lo que no está funcionando, pues esto último conlleva plantearse una posible y temida ruptura.
Además, la pareja en conflicto suele instalarse en luchas de poder, donde cada miembro de la misma trata de imponerse al otro antes de que sea éste quien intente dominarle. En esta situación, es habitual señalar como culpable de una relación sexual insatisfactoria a aquel que presenta la dificultad en el deseo, la excitación o el orgasmo, antes que reconocer que el problema es de ambos.
Todos sabemos que la satisfacción sexual es un elemento fundamental en la relación de pareja. Desde un punto de vista subjetivo, cuando la pareja funciona bien sexualmente concede a la sexualidad un valor del 20% dentro de la relación. Sin embargo, si el sexo es insatisfactorio, le confiere un valor de un 80%. Esto es comprensible, pues con carácter general tendemos a sobrevalorar todo aquello que no marcha bien y nos preocupa, y al contrario, lo que no nos produce ansiedad ni molestia suele ser infravalorado.
Pero de igual manera que el bienestar de la pareja se ve afectado por la satisfacción en su relación sexual, esta influencia se produce también a la inversa, es decir, los conflictos de pareja afectan a su sexualidad. La actividad sexual obedece a ciertos estados de humor, y de la interacción de la pareja depende que se aumente o reduzca la posibilidad de que ocurra una relación sexual entre ambos. La cólera hacia el compañero, la desconfianza, el miedo a ser abandonado, etc. van a influir considerablemente en el deseo de intimidad, en la frecuencia, o incluso en la forma en que se lleven a cabo las relaciones sexuales.
Si una mujer se siente insegura con su marido, le va a resultar muy costoso abandonarse lo suficiente al contacto erótico como para gozar del orgasmo. Si un hombre piensa que su mujer quiere someterle, va a encontrar unas dificultades enormes a la hora de tener una erección cuando ella le pida hacer el amor.
Los mensajes que expresan algunas disfunciones sexuales son muy claros, aun cuando el paciente no es consciente de ellos: “como yo estoy descontento con la relación, ahora tú no vas a disfrutar del sexo conmigo.” En estos casos, el sabotaje sexual se utiliza, en consecuencia, como un arma arrojadiza, como un instrumento para controlar indirectamente algún aspecto de la relación.
Así, el eyaculador precoz probablemente está expresando su deseo de terminar lo antes posible con la intimidad de la relación, mientras el hombre con eyaculación retardada tal vez le niega su propia entrega a la pareja. El deseo sexual inhibido puede ser un intento de mantener la distancia y expresar de esa forma el desinterés por la relación sentimental (este mensaje puede ser el mismo en el caso de una disfunción eréctil). La anorgasmia, como ya he citado anteriormente, sería acaso una falta de abandono como consecuencia de un recelo hacia el compañero o también podría ser una queja encubierta para recriminarle que no hace bien las cosas. Por último, el vaginismo señalaría posiblemente un rechazo a la intimidad con el otro.
En todas estas situaciones, la terapia debe dirigirse a aclarar y resolver las dificultades transaccionales más profundas de la pareja, en un intento de cambiar las comunicaciones sexuales patógenas que están destruyendo directamente la relación sexual. Los mensajes que encierran las disfunciones sexuales, deben ser expresados directa y abiertamente, dirimiendo sus diferencias fuera de la cama, y no a costa de la sexualidad de la pareja.