CUANDO HAY QUE DECIR NO

29.3.16 Pedro Vargas-Machuca 0 Comentarios

NO

En la consulta psicológica es muy común que el paciente comente que no se atreve a decir que no a alguien en un tema que es importante para él. Esta imposibilidad para decir “no” le sitúa en una posición en la que se siente frustrado y ansioso, trastocándole incluso el sueño.
Y es que semánticamente no puede haber una palabra más vinculada a la negatividad que la propia palabra NO y, como tal, la relacionamos en la mente como indeseable. A esto le añadimos que, evolutivamente, el “no” aparece como parte fundamental de la educación del niño (eso no se hace, eso no se toca, eso no se dice), limitando su disfrute, privándolo de cuanto se le antoja. Es entonces cuando este niño, enfadado, contesta “pues ya no te quiero”.
Las personas que no saben decir “no”, a lo que tienen miedo es a ser después rechazados. Temen el abandono por parte del otro al negarle lo que éste le pide.

Sin embargo, decir “no” es una virtud (contra el vicio de pedir está la virtud de no dar). Al decir no, defendemos nuestros derechos frente al otro que pide. Le indicamos aquello a lo que no queremos renunciar, y en eso se basa una correcta socialización, en la convivencia armónica donde nos respetamos mutuamente. Ayudamos al otro a que conozca las necesidades, sentimientos, deseos, derechos y opiniones que conforman nuestra persona. Y, a la inversa, el “no” del otro nos ayuda a conocerle y considerarle.
Definimos la asertividad como la capacidad de afirmarnos como persona en todas nuestras dimensiones: es decir, la expresión directa de nuestros propios sentimientos, necesidades, derechos legítimos u opiniones, reclamando su respeto y, a la vez, respetando a los demás, sin amenazar o castigarles y sin violar sus derechos. Para ello, debemos ser capaces de escuchar y de expresar lo que queremos y lo que sentimos, sin herir a los demás, creando un ambiente de cordialidad y confianza.
Muchas personas son espontáneamente asertivas; otras están llenas de dudas, de inseguridades… y se sienten incapaces de expresar sus opiniones y sentimientos, estando en continuo peligro desde el punto de vista de su salud y sintiéndose permanentemente insatisfechas y condicionadas.
El comportamiento asertivo nos define 3 tipos de individuos: el tipo inhibido está en un extremo. En el otro extremo están las personas agresivas, las que machacan, las que no saben respetar al otro y actúan injusta e irracionalmente, y el asertivo entre ambos.


Continuo comportamiento asertivo

La buena noticia es que la asertividad puede aprenderse: las conductas asertivas pueden ensayarse hasta que se automatizan, es decir, hasta que pasan a formar parte del repertorio habitual de las personas. El desarrollo de la asertividad constituye un eje esencial en el logro del autocontrol, del equilibrio, de la seguridad y estabilidad emocional.
Para ello, propongo que sigas estas 10 reglas del comportamiento asertivo. 


10 reglas asertividad

Piensa bien lo que quieres comunicar, cuáles son tus deseos y sentimientos. Como en toda práctica, seguramente al principio es mejor escribirlo en un papel para así asegurarte que expresas lo que quieres, ni más ni menos. Cuando lo hayas hecho, léelo detenidamente y observa si se cumplen las 10 reglas, si das la información necesaria para que el otro entienda qué quieres (o que no quieres). No mientas ni pongas excusas, no lo necesitas, ya que tus derechos, necesidades, sentimientos y opiniones son tuyos, forman parte de ti y no puedes renunciar a ellos sino que debes defenderlos, pues te definen como lo que eres. Si renuncias a ellos, estás renunciando a ti mismo y eso es algo que no puedes hacer. Por eso mismo, también debes aceptar las críticas. Que el otro te critique no quiere decir que seas peor, sino simplemente que no le gusta algo tuyo. Incluso puede tratarse de una crítica constructiva que, si la atiendes, puede serte de gran ayuda.
Practica la empatía (ponte en el lugar del otro). Tal vez, para ello, necesites pedirle determinada información que te ayude a comprenderle, conocer sus necesidades para así poder ofrecerle alternativas y llegar a un acuerdo. A todos nos gusta sentirnos comprendidos, que se nos tenga en cuenta y que nos ayuden a encontrar soluciones. Recuerda que el asertivo defiende su persona sin castigar al otro.
A lo mejor tienes que modificar tu escrito unas cuantas veces hasta que compruebes que cumple todas estas reglas. Entonces ya puedes memorizarlo (o simplemente llévalo contigo en un papel a modo de guión) y expresa eso que quieres (o eso que NO quieres).