NUESTRA OPINIÓN SOBRE NOSOTROS MISMOS

30.3.16 Pedro Vargas-Machuca 0 Comentarios

Autoestima familia

La forma en que te tratas está profundamente basada en la opinión que tienes sobre ti mismo (tu autoestima). Es más, el modo en que el mundo te trata es un reflejo de cómo te tratas a ti mismo. Estas ideas acerca de cómo eres, lo que eres capaz de hacer y tu valía personal comienzan a aparecer muy pronto en tu desarrollo, y a menos que las cambies, permanecerán contigo durante toda la vida. Dependen del modo en que fuiste tratado y de lo que opinaban sobre ti antes de llegar a la adolescencia.
La opinión que tienes de ti mismo y lo que crees acerca de ti, se formó por el modo en que tus padres te respondían. Entonces hiciste tuyo ese conocimiento y te forjaste cierta imagen de ti mismo (tu autoconcepto). Si fuiste abandonado y descuidaron ciertas necesidades básicas, como adulto tendrás dificultad para confiar en los demássi te avergonzaban y te humillaban, de mayor serás una persona muy reservada y tímida; si fuiste educado con reglas y valores muy rígidos, al crecer tendrás problemas con el sentimiento de culpabilidad. Estas creencias y conductas aprendidas en la niñez pueden convertirse en repuestas irracionales en la vida adulta e interferir en nuestra capacidad para tener relaciones abiertas, sinceras y seguras.
Si a un niño le transmitimos mensajes positivos y le ofrecemos el cariño que necesita para desarrollar un concepto positivo de sí mismo, para él eso será parte del proceso natural de la vida, y crecerá siendo responsable y cariñoso. Así, si la imagen de nosotros que nuestros padres reflejaron fue la de un ser valioso y digno de amor que se merecía todo el cariño, las preocupaciones y la paciencia que se necesitan para criar un niño, no tendremos de mayores ningún problema para sentir nuestra valía personal.
Si por el contrario, fuimos descuidados, sobreprotegidos o se nos transmitieron mensajes incoherentes o con doble intención acerca de nuestra valía personal, seremos adultos confusos y llenos de dudas; nos sentiremos desconfiados, tímidos, culpables, sin valor alguno e incluso podemos llegar a odiarnos a nosotros mismos.
Finalmente, los acontecimientos de la vida contribuyen también: enfermedades, sufrir la muerte, pérdida o abandono de uno de los padres, hermanos, amigos, abuelos o algún otro ser querido; cambiar frecuentemente de lugar de residencia; la interrupción de relaciones con los padres, la adopción y los malos tratos o la negligencia por parte de los padres.
La mayoría de las personas pasan toda su vida buscando y tratando de confirmar el concepto que tienen de sí mismos. Esas confirmaciones suelen reforzar los modelos originales de la niñez. Como adultos, es importante recordar que el concepto que tengamos de nosotros mismos fue creado por las propias inseguridades, por los problemas y por la inmadurez de nuestros padres. Sin embargo, ahora estas disfunciones las hemos hecho propias al adoptar la autoimagen distorsionada que ellos, quizá sin saberlo, nos traspasaron.
Alguna de las consecuencias de un pobre concepto de nosotros mismos son las creencias distorsionadas y erróneas relacionadas con los aspectos básicos de nuestra identidad, como pueden ser la capacidad para amar, la valía personal, la competencia, la incongruencia entre las propias impresiones y las respuestas y reacciones de los demás y una actitud rígida y a la defensiva hacia unos mismo. Una persona así es su propio enemigo, pues está constantemente criticándose y culpándose. Para estas personas es muy difícil madurar, porque se sienten encerrados en modelos de pensamiento ilógicos y emociones infantiles.