SUPERAR EL MIEDO A HABLAR EN PÚBLICO

29.3.16 Pedro Vargas-Machuca 0 Comentarios

Orador

Tener miedo antes de hablar en público es algo natural y bastante habitual, por lo que uno no debería ser excesivamente autocrítico por que esto le ocurra, es decir, no por ello ha de considerarse una persona débil e insegura.

Es importante que recuerdes, antes que nada, que el público no es el enemigo, sino más bien al contrario, son personas que consideran que el orador puede aportarles algo.

Debes analizar este miedo que te atenaza y tratar de descubrir las causas que lo originan:

  • Te darás cuenta de que gran parte de este miedo es irracional: no obedece a motivos lógicos (miedo a hacer un ridículo espantoso, se rían de uno, a tartamudear, a caer en desgracia, a hundir el prestigio profesional, a ser abucheado o a que la audiencia se marche). Son situaciones que no van a ocurrir, y por lo tanto, este miedo debes rechazarlo por absurdo.


  • Otro tipo de miedo sí puede ser racional: obedece a situaciones adversas que pueden presentarse (quedarse en blanco, no saber contestar a una pregunta, que no funcione el proyector, etc.). Frente a este miedo racional lo que tienes que hacer es tomar todas las medidas posibles para reducir al mínimo las posibilidades de que estas situaciones se produzcan (por ejemplo, llevando fichas con notas de apoyo, preparando el discurso a conciencia, verificando previamente que el proyector funciona correctamente, etc.).

A veces, también preocupa el pensar que el público pueda darse cuenta del miedo que uno tiene (perciba sus sudores, el temblor en el habla o en las piernas, la expresión de la cara, etc.), pero es muy difícil que esto ocurra. Son reacciones físicas que uno mismo percibe intensamente pero que apenas son percibidas por terceros. Además, en el caso hipotético de que así fuera, el público pensaría que son reacciones muy naturales, que a cualquiera le podría ocurrir.

La mejor forma que tienes de combatir el miedo a hablar en público es con una adecuada preparación: trabajar y ensayar la intervención con rigurosidad. Cuando se domina la presentación, se reducen drásticamente las posibilidades de cometer errores; esto te generará confianza y disminuirá tu nivel de ansiedad.

También resulta muy útil pensar en positivo, es decir, en la satisfacción tan enorme que te producirá obtener éxito. Autoconvéncete de que, con una buena preparación, este éxito está al alcance de tu mano.

Otro modo de combatir el nerviosismo es realizar, unas horas antes de la intervención, algún ejercicio físico intenso (salir a correr, nadar, etc.), lo cual contribuye a quemar energías y genera un pequeño cansancio físico que contribuye a calmar los nervios.

Cuando llega el momento de la intervención debes autoimponerte tranquilidad, especialmente en los momentos iniciales de la misma. Si consigues sentirte cómodo al principio, es posible que mantengas esta línea durante el resto de la intervención.

No caigas en la tentación de tomar pastillas o una “copita”, ya que podrían generarte un estado de aturdimiento que dificulte la exposición.

En todo caso, un cierto grado de nerviosismo puede que no venga mal, ya que permite iniciar la intervención en un estado de cierta agitación, de mayor energía, sin la cual resultaríamos aburridos y sin atractivo. La tensión nerviosa es necesaria para cualquier persona que deba actuar. La secreción de adrenalina despierta y tonifica las funciones del cuerpo y de la mente.


Técnicas de Hablar en Público

Oradora
Hablar en público es una habilidad innata en algunas personas, mientras que en otras es fruto de la práctica continua de una serie de técnicas. De entre todas ellas (lenguaje corporal, utilizar la voz como herramienta…) me voy a centrar ahora en un par que te resultarán muy útiles:

1. Contacta con la audiencia. Sube al estrado con tranquilidad, mira al público unos instantes mientras le saludas, ajusta el micrófono, organiza las notas… y comienza a hablar despacio. Una vez que hayas comenzado a hablar, los nervios desaparecerán por sí mismos. Al oír nuestra voz, las cuerdas vocales se templan y la inquietud desaparece.

2. Algunas precauciones para controlar la ansiedad y que te permitan estar cómodo y donde los síntomas nerviosos se reduzcan todo lo posible:

a) Adopta la postura que mejor te vaya: sentado o de pie. A lo largo de la intervención puedes cambiar de postura si lo deseas. Puedes sentarte con mayor comodidad, pegando la espalda al respaldo del asiento, echarte hacia adelante para familiarizarte con el público. Si estás de pie, procura tener una pierna más avanzada que la otra, esto ayuda a la emisión de la voz.

b) Antes de la charla, imagina tu éxito total, con una audiencia entregada y muy satisfecha con su asistencia. Te puedes poner en el rol de un actor que va a desempeñar su papel como orador y que está totalmente seguro de su éxito.

c) Piensa en cosas agradables para predisponerte de forma positiva hacia la audiencia. Recuerda, la audiencia no es tu enemiga, sino un conjunto de personas muy receptivas a tu charla.

d) Puedes hacer, con anterioridad, algunos ejercicios de relajación para vencer la tensión

– Respira lenta y profundamente.

– Relaja la parte superior de tu cuerpo, por encima de la cintura, balanceando los brazos como un muñeco de trapo. Levanta varias veces los hombros y déjalos caer, haz girar los hombros hacia adelante y hacia atrás. Gira la cabeza describiendo una circunferencia en ambos sentidos.

– Sacude manos, brazos y piernas.

– Si estás familiarizado con la técnica de relajación muscular progresiva, puedes también poner en tensión todos los músculos del cuerpo (sucesivamente, por grupos musculares) y después aflojar la tensión.

– Afloja los labios y sopla con fuerza. Puedes extender los labios en una “e” muda y recogerlos en una “o” silenciosa.

– Piensa en algo placentero y siente la sensación de tranquilidad y confianza.

Practica tu intervención, lo que te dará confianza (la práctica es tu mayor aliado contra el fracaso).